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Nutrición en el primer año

Con los avances tecnológicos de finales del siglo XX, la nutrición ha sufrido grandes cambios y el conocimiento de la prevención de enfermedades a traves de una correcta nutrición ha ganado muchos partidarios. La mejor forma de alimentar a un recién nacido y lactante es administrando la leche de su propia madre a través del pecho materno; numerosas razones justifican esta forma natural de alimentación durante los primeros meses de la vida:

  • equilibrio entre los principios inmediatos aportados
  • cantidad de minerales y oligoelementos
  • aporte de pre y probióticos paso de productos inmunes como anticuerpos pasivos, células vivas;
  • motivos higiénicos: paso de la leche desde su lugar de producción directamente al interior del aparato digestivo del lactante
  • razones psicológicas: unión madre-hijo, mayor estímulo del bebé..etc..

La imposibilidad de la madre de alimentar a su hijo con la leche de su propio pecho justifica que en múltiples ocasiones haya que recurrir a la alimentación con leches artificiales, derivadas de la leche de vaca; esta imposibilidad radica sobre todo en motivos laborales.

La alimentación del recién nacido y lactante presenta unas características peculiares, por una parte debe cubrir las necesidades metabólicas para un correcto crecimiento y por otra la maduración de órganos vitales como el cerebro, riñones, hígado, etc.

La Asociación Española de Pediatría (A.E.P.), la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN), la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (SEGHNP) y la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomiendan la lactancia materna como mejor alimento del recién nacido y lactante durante los primeros 6 meses de vida, coincidiendo en 3 puntos básicos:

  • La leche materna es el mejor alimento para el recién nacido y lactante.
  • Si ello no es posible aconsejan una leche adaptada o fórmula infantil.
  • La alimentación complementaria debe iniciarse a partir del 5-6º mes de vida valorando previamente la maduración del niño y estado nutricional.

La leche materna cubre todas las necesidades básicas y de crecimiento, es bacteriológicamente segura ya que contiene proteínas e inmunoglobulinas que le confieren protección frente a infecciones entéricas.

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